
Abrió un documento e intentó redactar una respuesta. La cabeza le daba vueltas. Había tantas cosas que quería decirle…
Lisbeth Salander, enamorada. ¡Para partirse de risa! Nunca jamás se lo diría. Nunca jamás le daría la satisfacción de que se burlara de sus sentimientos.
Envió el documento a la papelera y se quedó mirando el monitor, ahora vacio. Pero el se merecía algo mas que su silencio. Había permanecido fiel en su rincón del cuadrilátero como un tenaz soldadito de plomo. Creo un nuevo documento y escribió una sola línea.
Gracias por haber sido mi amigo.
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